martes, 2 de julio de 2013

Mi historia no me pertenece del todo..

Ella, era muy joven, sencilla, tranquila, su piel morena endulzaba, y con su olor natural encantaba, su padre muy celoso, su madre había muerto cuando apenas tenía 12 años de edad, años después vivir con su madrastra no era algo que ella aceptara, todo fue tan difícil, pero no tanto como para no soportarlo, su madrastra de pronto se convirtió en madre para ella, no era del tipo de madrastra de cuentos viejos como blancanieves o cenicienta, era una madrastra que podía dar amor, viéndola a ella como una propia hija parida de sus entrañas. Ella, su nombre era Celia.
Celia, criada con mucha familia en el hogar, repleta de hermanastros, a quienes llego a querer, ya había crecido, paraba por los 18 años y su padre no toleraba si quiera que saliera a la tienda sin su presencia, obligada entraría a un convento, convertirse en monja no era de su agrado, más el de su padre, pero hay muchacha de ti que te opongas, solo le quedaba aceptar lo que ya se había planificado para su vida, a pocos días de haber entrado, y convivido solo un poco con aquellos del convento, aparece él, de improvisto y para marcar su vida, para cambiarla y destrozarla.

Celia de pronto estaba animada para visitar a una amiga y despedirse de ella, ya que dentro del convento se le haría muy difícil verla más seguido, su amiga estaba acompañada de su pareja, unas cuantas amigas más, y él también estaba allí, John, un chico de otra ciudad que llegaba de visita, quien la miro sonriendo y no despego sus ojos de ella hasta que ella correspondiera con una sonrisa. John no podía disimular cuanto le gustaba aquella persona que había entrado, él no era el tipo guapo y bien parado y portado que esperaba Celia, pero en sus ojos se veía sinceridad, la cual no era de verdad.

Después de saludar a todos, de  pronto Celia se acercó a John para así presentarse, él estaba sentado en el mueble y ella tuvo que inclinarse hacia él, sus mejillas rosaron y los fríos y rojos labios de Celia besaron su rostro. - Hola mi nombre es Celia aseguro, - el mío es John respondió él, convenciéndola a que se sentara a su lado, conversaron horas, cada uno sabia del otro un poco más de lo esperado. La amiga de Celia propuso que fueran todos a la playa, para pasar un rato agradable, Celia busco su mejor traje de baño, y encontrados en la playa, John quedaba impresionado al verla, sus amigos habían planeado dejarlos solos, ya que se notaba el interés que tenían el uno por el otro. Celia estaba con John, solos en la playa a la vista del ocaso, Jhon aprovecha y toma una foto de Celia en la
arena, la foto que seria el recuerdo de ese gran día,
se sienta a su lado, e intenta besarla, Celia muy molesta se hace a un lado y le hace entender que no está bien que haga eso, le dice que recién se conocían, y si estaba acostumbrado a ello no lo hiciera con ella, ya que era diferente a las demás, John entiende y se disculpa, le confiesa que le gusta, pero que no pierdan el contacto por ese mal incidente, entonces Celia acepta las disculpas, y esperan verse pronto, llega la hora de la despedida, y Celia en casa medita, en realidad no quiere ser monja, pero es lo que su padre quiere para ella, ella quiere estar segura si enfrentarlo o vivir con algo que nunca quiso y acostumbrarse a ello a la final.

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